Ethan:
El aire en la casa de Boston se sentía rancio, como si las paredes mismas estuvieran rechazando la presencia de quienes ahora las habitaban. Yo no era el mismo hombre que hace dos años caminaba con seguridad por estos pasillos. Me miraba al espejo y solo veía a un extraño con ojeras profundas y un vaso de cristal permanentemente pegado a la mano. El desorden mental en el que vivía se reflejaba en cada rincón; era un desastre, un náufrago en mi propia sala de estar, dejándome chantajear p