El tiempo en Suiza no transcurre en horas, sino en estados de ánimo. Tras la última irrupción de Ethan, mi mente no regresó al abismo de la autodestrucción, pero se instaló en una meseta de silencio absoluto. Era una respuesta de defensa, un repliegue táctico. Liam lo llamaba "hibernación psíquica". Yo lo llamaba, simplemente, supervivencia.Pasaron las semanas. El tratamiento cambió. Ya no había sedantes que me borraran la conciencia; ahora había caminatas largas, mucha lectura lectura, y horas de silencio compartido en su despacho. Liam Maxwell se había convertido en el eje de mi mundo, no como un salvador, sino como el hombre que sostenía la lámpara mientras yo caminaba por mi propia oscuridad.Había algo en la forma en que Liam me observaba que no encajaba en los libros de psiquiatría. Era una atención que iba más allá del cuadro clínico. A veces, mientras yo leía, sentía su mirada fija en mí. Al levantar la vista, él siempre estaba allí, con esa calma profesional que empezaba a
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