Alexis:
—Mierda, ¡ten cuidado con eso!— ladro, y la enfermera me mira con odio.
A mi alrededor se desatan las tostadas de mi tío y mi hermano y les lanzo una mirada envenenada.
—Por favor, hermano, no te desquites con la pobre mujer, solo hace su trabajo.
La condenada enfermera termina de limpiar la herida que tengo en el hombro izquierdo, coloca un nuevo vendaje y se marcha, a ruda prisa.
—Con todo y que hiciste una prueba beta del enjambre con esos cabrones, aún me parece increíble que sobrevi