(Isabella se levanta temprano y sale de su cuarto con paso tranquilo, aunque su rostro refleja el cansancio de una noche intranquila. La nana está en la cocina, terminando de servir el desayuno en la mesa).
—Buenos días, niña Isabella. ¿Cómo amaneció?
—Buenos días, nana. —Isabella suspira, acomodándose en la silla—. Dormí poco, pero aquí estoy.
(La nana le sirve una taza de té y coloca un plato con tostadas y frutas frente a ella).
—Se le nota en los ojos, niña. ¿Estuvo trabajando hasta tarde?