Llegué a la empresa de Alessandro con el corazón acelerado, todavía llena de rabia y frustración.
No sabía exactamente qué quería hacer allí, pero necesitaba hablar con él. Necesitaba mirarle a los ojos.
Cuando me acerqué a la entrada, Thiago, el guardia de seguridad, me bloqueó el paso. Me miró con esa expresión de quien no sabe qué hacer. Le conocía bien. Siempre nos habíamos llevado bien, siempre fuimos cordiales. Me costaba creer que me fuese a impedir entrar.
—Larissa, no puedo dejarte pas