Cuando subí al coche, Catherine me lanzó esa sonrisa animada que solo ella sabe dar.
— ¡Guau, guapa! Si no te conociera, pensaría que vas a una cita.
— Solo voy a distraerme un poco. Y tú también estás preciosa, ¿eh?
El trayecto fue ligero, conversando y riendo, sintiendo que, al menos por unos minutos, podía dejar todo atrás: la cirugía de Gabriel, Alessandro, el secuestro… todo eso, solo por hoy.
Llegamos al bar que ella tanto mencionaba. Era bonito, acogedor, luces bajas, música agradable y