(Larissa)
Ayudé a Matheus a incorporarse, pasando su brazo por encima de mis hombros. Gimió de dolor, pero no se quejó.
—Va a salir bien —susurré, más para mí que para él—. Vamos a salir de aquí.
—Deberías dejarme, Larissa... Solo voy a retrasarte. —Su voz era débil, pero firme.
—Para ya, no pienso discutir eso otra vez. Si yo salgo, tú sales conmigo.
Suspiró y me lanzó una mirada cansada, pero no insistió.
Salimos de la celda con cuidado, apoyándonos en la pared y tratando de avanzar en silenci