Mundo de ficçãoIniciar sessãoCuando llegamos a la fiesta, solté un suspiro nada más ver los coches de lujo aparcados frente al local del evento. Se me encogió un poco el pecho, entre admiración y nervios.
Diogo bajó del coche y, con ese estilo elegante que solo él tiene, rodeó el vehículo y me abrió la puerta. Extendió la mano y yo la tomé, saliendo con cuidado.







