Diogo
Conducir fue la única salida que encontré para intentar calmar el caos en mi cabeza. La ciudad ya dormía, pero yo necesitaba aire y silencio. Algún lugar donde pudiera organizar los pensamientos y entender qué demonios estaba pasando.
Aparqué mi coche cerca de un parque que quedaba a unas manzanas de la empresa. Siempre me gustó el lugar, el lago, los árboles, las luces suaves de las farolas. Tenía algo que me hacía respirar más hondo.
Bajé, tiré la chaqueta en el asiento trasero y empecé