Ellos saludaron a Alessandro y a los demás y, enseguida, apareció Rafael. Sonreí al verlo. Larissa, impaciente, fue corriendo y lo abrazó con fuerza.
—¡Te echaba de menos! —dijo, separándose para mirarlo como una madre que comprueba si su hijo está bien o si se ha hecho daño—. No puedes pasar tanto tiempo lejos.
Rafael sonrió con calma y le puso una mano en el hombro.
—He venido solo para pasar la Navidad con vosotros, Larissa. Pero tendré que volver pronto a Tokio… todavía dejé algunos asuntos