Me quedé paralizada, con los ojos muy abiertos, sin creer lo que acababa de decirme. Las palabras no me salieron en ese momento; solo sentí cómo se me llenaban los ojos de lágrimas. Lentamente, asentí y abracé a Lucas con fuerza.
—Sí, cariño… puedes llamarme mamá —susurré, sintiendo que el corazón me explotaba de amor.
Sonrió, me devolvió el abrazo y luego dijo, como si fuera lo más normal del mundo:
—Y te vas a casar con mi papá, ¿verdad? Eres tan buena… por eso eres la mamá de mi corazón.
Sen