(Alice)
28-08 - Domingo
Llegué a casa con el corazón todavía acelerado y el sabor de ese beso negándose a marcharse. La noche estaba fresca, el portón chirrió como siempre al empujarlo y la luz del porche parpadeó, como queriendo apagarse del todo. Típico.
La casa estaba en silencio. Solo el sonido del ventilador de la habitación de Julio girando como una hélice vieja.
Dejé el bolso en el sofá, me quité las zapatillas y fui directa a su cuarto.
La puerta estaba entreabierta y, claro, allí estaba mi mejor amigo... desperezado en la cama como un gato perezoso, babando en la almohada.
—Julio...
Nada.
—Julioooo...
Refunfuñó algo y me acerqué, tirándome a su lado en la cama y acercándome a su oído.
—Adivina a quién he besado esta noche.
Él abrió un ojo, atontado.
—¿El panadero?
Puse los ojos en blanco, riendo.
—No, bobo. Un cierto millonario.
Parpadeó.
—¿Eh?
Cayó en la cuenta y se sentó como un zombi despertando de golpe.
—¡¿QUÉ?! ¿El Montenegro? ¿El guapo? ¿Ese hombre que parece sacad