(Diogo)
Terminamos la reunión exactamente a las 11:40. Mi estómago ya rugía como si me recordara que lo último que comí fue ese café que me trajo Linda más temprano.
Decidí salir de la empresa y caminé hasta un restaurante a pocos metros de allí. Era pequeño, algo rústico y no solía llenarse mucho, y me encantaba eso.
Elegí una mesa en la esquina, como siempre, y pronto un camarero joven se acercó sonriendo, muy educado.
—Buenos días, señor. ¿Ya sabe lo que va a querer?
—El menú del día y un ag