Ava Davis.
La tarde nublada y fría me hacía sentir la necesidad de tomar algo caliente.
Mientras sostenía mi taza de té caliente, sentía cómo el vapor me envolvía en su calor reconfortante, apenas pude darme cuenta de la sombra que se avecinaba.
Brad se acercó, y con una determinación que ya comenzaba a parecerme demasiado exagerada, me quitó la taza de las manos.
—Debes cuidar todo lo que ingieres —dijo, mirando el líquido oscuro como si fuera veneno.
Antes de que pudiera protestar, vertió