55. Un duelo aburrido
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Eva
Ambos hombres me veian atonitos, casi como si no creyeran que yo estaba alli tan furiosa que podria matar a alguien.
—¿Serena? —preguntó Orión.
Mis ojos se fijaron en él y dio un paso atrás.
—Búscala o dime dónde encontrarla —dije de malos modos.
—Ya no vive en la casa de la manada, está en su mansión… ¿Me vas a decir qué sucede? —cuestiona Magnus perdido.
Le lancé la carpeta directo a la cara.
Su enojo por mi acto se transformó en desconcierto, y luego en asombro cuando vio lo que cont