76. Amantes en la madrugada
Malcolm sonrió, complacido por la respuesta de Josephine. Después de años viviendo con la fingida pasión de Sarah, había aprendido a distinguir la verdad del teatro. En los ojos de Josephine, en el temblor de su voz, reconocía una honestidad que lo reconfortaba profundamente.
—Eso es bueno —sonrió—, porque vendré todos los días —dijo con una seguridad que no dejaba lugar a dudas—. Y todos los días tendremos intimidad. No te imaginas cuánto lo necesitaba… aunque no será todos los días durante las