Es un sábado en la mañana, un día libre de clases y misiones. Un excelente día para dormir y no hacer nada. Pero todo se daña cuando escucho como tocan la puerta con fuerza y llena de emoción. Llevo tres meses sin hacer misiones peligrosas, gracia a Dios. Pero al escuchar las llamadas en la puerta me da indicio de que puede llar una misión que no deseo realizar en mi día libre.
Dejo que pasen unos minutos para que mis padres o hermanos atiendan a la persona que está daña