Yo lo había sabido desde el principio; confiar en Tyler Vail fue un puto error. El perro callejero mimado había venido corriendo hacia nosotros, con su a cuestas. Estaba frenético, apestaba por el miedo que me hacía querer vomitar.
Su propuesta era, como mínimo, intrigante.
Apostar. Las apuestas eran mi fuerte. Las apuestas eran algo que disfrutaba, algo en lo que sobresalía. Leer las emociones en el rostro de una persona era un juego de niños, pero si lo hacías bien, eso podría revelar las