Llegué al medio de la playa cuando una serie de vítores y gritos llenaron el aire, seguidos de risas y pies estruendosos. Había al menos un centenar de hombres y mujeres corriendo por la playa hacia las hojas esmeralda del bosque, ensombrecidas por la oscuridad pero aún hermosas bajo la luz de la luna.
Unos cuantos se transformaron prematuramente, destrozando sus trajes de baño y bañadores mientras les brotaba pelaje de los brazos, el cuello y el torso. Para muchos la transformación fue instan