158. El olor de la traición tiene tono de sirena.
Narra Ruiz.
El gemido es falso.
Pero el silencio... ese sí me inquieta.
Estoy en el salón principal, la vista clavada en la pantalla negra del monitor que dejó de transmitir hace cinco minutos. Se suponía que había cámaras en cada rincón. Se suponía que los sistemas eran seguros. Se suponía que nada podía salir mal. Pero esa sensación me arde en la nuca, como una gota caliente bajándome por la columna.
Y entonces suenan.
Las sirenas.
El aullido metálico de la muerte vestida de uniforme.
Policía