Capítulo 230. El latido que no era suyo.
Muchas veces lo soñó, visualizó un día en el cual todo se realizara justo como ella lo quería. Pero ni todos esos días planificando "algo que Salomé nunca tendría" se le podía comparar a lo que observó al entrar al salón. Sujeta a la mano del hombre que la mantenía en constante vigilancia.
Porque no podía dejar de verla.
Salomé explayaba su sonrisa como si todo fuese maravilloso. A él le resultaba increíble que siempre descubriera un detalle más, cada vez que la veía. Las luces de las bengalas