Capítulo 223. Actos atroces.
—Acepté ayuda de un hombre que no debía existir en ninguna estructura de poder —se escuchaba en el televisor a Richard Lang, mirando directo al lente—. Elías Hawthorne.
El murmullo dentro del salón en donde se ubicaba el atril fue inmediato. Se podía ver a técnicos inquietos. Un productor se llevó la mano a la boca. Nadie se atrevió a cortar la transmisión, pero el impacto dejó perplejos a todos los oyentes.
—Mi hija, Gillia Lang, está muerta —continuó, tragó grueso y apretando la hoja donde