Capítulo 185. Descendencia del químico.
Valente levantó apenas la cabeza. Los reconoció antes de que ellos recordaran cómo se respiraba. Y, luego como un saludo proveniente del infierno les sonrió. Les ofreció la clase de sonrisa que no se hace con la boca sino con la anticipación de lo que tenía en la cabeza a punto de convertirse en una realidad.
Soltó a Catrina como si fuera un estorbo y disparó. Dos veces. Sin apuntar. Sin prisa. Como si solamente tirara basura al fuego.
Los Müller corrieron porque era lo único que quedaba entre