Capítulo 119. Filtración.
—Dios, te extrañé —confesó Salomé con una sonrisa cansada.
—Claro que me extrañaste —dijo Guille con un guiño, acercándose más mientras la seguía —. Nadie te entiende mejor que yo, cariño. Y créeme, cuando terminemos, no habrá cámara, político ni titular que no se incline ante ti.
El diseñador caminó con pasos ágiles hasta la puerta del dormitorio. Aunque apenas giró, se encontró a Eleazar abandonando su alcoba, su gesto cambió por completo. La sonrisa traviesa regresó a su rostro.
—Y bueno… ¿e