—Sí, sobre nada de luces apagadas—.
Él hundió la nariz en su pelo y respiró su aroma.
—Muero por verte desnud4, nena— Él le fue quitando la ropa mientras hablaba.
—Muerdes tu labio inferior cuando te excitas, tu piel se eriza siempre que te toco— Le desabrochó el sostén y la volteó para mirarla. — Cuando te hablo, te sonrojas deliciosamente como ahora ¿Eres consciente de eso?—.
Audra sentía una fuerte corriente recorrerla y que sus piernas le temblaban.
Él se agachó delante de ella para bajar