—Espera— En ese momento él besaba su cuello e interrumpió el beso, sin soltarla la miró.
—¿No quieres?—.
—Sí quiero... ¿Podrías apagar las luces? Por favor—.
Él sostuvo su mirada un momento.
—Preciosa, me encanta lo que veo, te deseo con todo y nuestro bebé, ustedes son míos—.
Ella sí sentía algunos complejos, bajo su mirada se esfumaban todos y cada uno de ellos, por otro lado, de ninguna manera podía ver las marcas que tenía.
—Solo esta vez— Ella no quería renunciar del todo.
Alexander cedió