—No te desmorones, esa fe tan grande con la que me ayudaste, no la pierdas ahora—.
Audra cerró la llamada, para la mujer del otro lado, no era mucho lo que se podía hacer, agradecía si Audra oraba por ella, sentía que las paredes de su casa se le cerraban encima, tenía que aparentar delante de sus hijos para que no llamaran la atención de nadie en la escuela, pensaban que su papá se fue de viaje con el más pequeño de la casa porque estaba enfermito y lo llevaría a la clínica donde antes trabajab