«A la mitad de la semana, Ethan estaba de un humor de los siete infiernos, no estaba conforme con nada y pedía todo a gritos».
—¡Madre mía! Tu jefe está de atar—.
—Hoy peor que nunca, me pidió un informe que te aseguro que ésta correcto y ni siquiera lo vio y me lo mandó a revisar de nuevo ¡Y de qué forma!—.
—¿Por qué será...? Ohhhh, ¿ya sabe que hablaste con el señor Fernando para dimitir?—.
—Claro, se lo dirían en cualquier momento, se supone que Ethan es mi jefe directo—.
—¿Por qué dices que