Capítulo 32

—Mi hijo— Alexander desabrochó la camisa de Audra, con cuidado para no despertarla, le plantó un tierno beso debajo del ombligo, se quedó ahí, embobado, mirando los sutiles cambios de su mujer, ella era de cinturita estrecha y se notaba algo diferente y eso lo fascinó.

—Tengo miedo de no regresar con ustedes, de dejar a tu mamá enfrentarse a esto sola, de no verte nacer y crecer, te garantizo que sí, independientemente de eso, tengo mucha ilusión de conocerte— Susurraba, acariciando suavemente
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