Me mantuve ocupada con mis quehaceres, esperando sacudirme la extraña tensión que se había instalado en mí desde nuestro regreso del centro comercial ayer. Ya le había dado las gracias a Lucian por todo, pero su expresión indescifrable seguía rondando en mi mente. Era como si algo lo estuviera perturbando, pero se negaba a reconocerlo.
Estaba quitando el polvo de las estanterías en la sala de estar cuando las puertas principales se abrieron de repente. Un hombre entró, con su mirada afilada rec