Leandro
Verla tan inocente y dispuesta a aprender, no solo por ella, sino por mí, me hace adorarla.
Quiero creerle, necesito creerle que me quiere, que ya no siente nada por Demetry, que todo quedó en el pasado.
—Leandro, te quedaste callado.
—Admirándote. —Le extiendo la mano —. Ven, recuesta tu espalda sobre mi pecho y abre tus piernas.
—¿Frente al espejo? No, Leandro, esto es vergonzoso.
—Esto es descubriéndote, si no sabes lo que te gusta, cómo me lo exigirás.
Hace lo que le dije con todo s