Me despierto por un fuerte dolor de cabeza. Cuando abro los ojos, me doy cuenta de que estoy en una habitación grande, pero sigo desorientada hasta que poco a poco llegan las imágenes de todo lo ocurrido.
- ¡Ayúdenme! – grito golpeando la puerta.
- Por favor, alguien, ayúdenme – siento cómo la puerta se abre, dejando ver a un ruso bastante enojado.
- ¡Deja de gritar! ¿No entiendes que aquí nadie te va a ayudar?
- Por favor, señor, déjeme ir, yo no tengo nada que ver en esto de la mafia, se l