Veo la mejilla de Paolo roja por el golpe que le acabo de dar. Él me mira sorprendido, pero luego veo cómo sus manos se convierten en puños.
- Paolo, yo... - él golpea la pared haciéndome asustar.
- Lárgate antes de que te dé tu merecido - sin pensarlo, corro hacia la puerta, dejándolo solo gritando como loco.
Entro a casa algo alterada y con el corazón a mil.
- Hola, preciosa - ¿qué hace Matías aquí?
- ¿Qué haces aquí? - le hablo seca.
- Vaya, veo que alguien no está de humor.
- Sabes qu