Marco
La desesperación nunca ha sido buena consejera, al menos para mi porque saca el monstruo que llevo escondido…
—¡No! —lanzo el teléfono contra la pared —¡maldita seas Adoratta de m****a! —me descubro asfixiando al sujeto que tengo enfrente colgado de las muñecas.
—¡Marco, Marco! cálmate ¡maldición! —golpeo a Giorgio, pero esquiva el golpe y me atrapa con fuerza por debajo de los brazos.
Me remuevo entre sus brazos violentamente para que me suelte, pero estoy tan desestabilizado que no logró