—¿Qué demonios haces en Boston?
—Lindo recibimiento.
—Te estoy hablando en serio, Scarlet, maldición.
—Estoy en la habitación del hotel en el que te hospedas, aquí te espero. Debemos hablar. Es urgente.
El golpe que le propiné al tablero del coche fue sonoro, mas no para mi protector, quien continuaba con la mirada fija en la carretera. Ni se inmutó.
—Scarlet, siempre tras sus pasos, señor —dijo secamente. Cerré los ojos. ¿Con que clase de monstruo me había acostado?
—Tuvo el atrevimiento de in