Jazmín y Alex llegaron a ese casino, no era el mejor de la ciudad, se acercaron a los guardias, y decidieron separar sus caminos.
Mientras jazmín iba a fingir jugar, Alex se acercó a uno de los guardias.
—Hola.
—Hola, ¿Cómo le va? ¿Ganando?
Alex sonrió.
—Mas o menos, quiero preguntarte algo.
El hombre le miró intrigado.
—Dime.
—Si te pago veinte mil euros por que me des un video de seguridad, ¿Lo harías?
El hombre le miró aturdido.
—¿Qué dice? No, yo… no manejo los videos de seguridad.