Anne y Felipe volvieron a Mayrit. Fueron directamente al palacio de Leonel, apenas llegaron escucharon la vocecita de Matías, y Anne corrió a abrazarlo.
—¡Mami! ¡Papi! Volvieron, iremos al lago.
—¡Claro que iremos al lago, corazón, por eso hemos venido por ti! —dijo Anne, llenándolo de besos, y mismo, Leonel y Ana se acercaron a ellos.
El semblante de Leonel los hizo sentir incómodos.
—¿Qué pasa?
—Ven conmigo, Felipe, debemos hablar.
Felipe miró a Anne, sin embargo, lo siguió.
—¿Sucede al