Cuando Jazmín abrió los ojos, no supo dónde estaba, enderezó su postura, y se quedó perpleja, ¿Qué era ese lugar?
—¡Hola, bella durmiente!
Jazmín lanzó un grito terrible, asustando al hombre, que por poco caía de la silla.
—¿Quién eres tú?
—¿Qué? ¡¿Ya no te acuerdas de mí?! Soy yo, Ruggero, el hijo de la gran duquesa de Alvarado.
—Ah, ya, ¿Qué nos pasó?
—Nos embriagamos, querida, y despotricamos contra nuestros ex, ¡Malditos perros!
Jazmín esbozó una sonrisa, ahora sí que lo recordaba.