Larissa entró en aquella habitación, vio a Alex recostado, estaba golpeado, tenía un ojo morado, el labio roto. Ella lo miró con angustia, sintió compasión por él, no podía soportar verlo herido.
Él abrió los ojos y la miró, se sorprendió
—¡Larissa! ¿Cómo estás? ¿Por qué estás aquí?
—¿Cómo te sientes?
—Bueno, estoy bien, son unos golpes, nada más, no te angusties.
Ella miró sus ojos
—Lana volvió a ponerse mal.
Alex sintió una angustia, y respiró profundo
—¿Cómo está?
Larissa hundió la m