—No, Aaron, yo no quiero ser tu esposa —dijo Lana con firmeza
Aaron dio un traspié, su rostro estaba impactado, su quijada estaba bien apretada, como si contuviera un grito de frustración, su ceño fruncido, y sus manos en puño, apretando con fuerza su bastón blanco, se notaba que esas palabras eran un golpe a su corazón.
—¿Por qué? —exclamó con suavidad
—¿Por qué? —exclamó ella como si fuera obvio—. He estado ahí antes, Aaron, y sé porque me pides esto, yo no seré de nuevo tu escaparate, ni t