Seraphina ya estaba de mal humor porque, una vez más, alguien la había malinterpretado, y cuando el número de Sebastian apareció en su pantalla, su ánimo se volvió aún más agrio.
Tomó la llamada y acercó el teléfono a su oído.
—¿Dónde estás? ¿No viste mi mensaje de que Vivienne Laurent se quedaría con nosotros en la villa unos días porque se torció el pie? Ven a casa. No preparaste nada para el almuerzo. Está bien, pediré algo para nosotros. Solo vuelve, ¿sí? —dijo Sebastian de corrido, sin esp