El caballo relinchó con fuerza mientras los ayudantes que sostenían sus riendas intentaban arrastrarlo hacia donde Seraphina esperaba.
El fuerte relincho llamó la atención de todos, y sus miradas se dirigieron hacia la espalda de la mujer que estaba de pie en la esquina de la arena.
Roman Frost, que había estado hablando con el dueño del recinto, también se giró en esa dirección, y su mirada se oscureció al ver a su hermana allí.
—¿Qué está haciendo ahí? —murmuró entre dientes antes de mirar a