La luz tenue del hospital dibujaba sombras largas en la habitación donde Valeska estaba sentada, con Adrián acurrucado en su regazo. El pequeño dormía, agotado tras el terror del intento de secuestro en el parque esa tarde.
Valeska no podía apartar los ojos de él, con el corazón aún acelerado por la imagen de esos hombres acercándose, el cuchillo brillando bajo el sol. Goran estaba junto a la puerta, con un vendaje en la frente y los puños apretados, como si esperara que alguien irrumpiera en c