En el hospital, la habitación de Lisandro estaba en penumbra, iluminada solo por una lámpara junto a la cama. Valeska y Lisandro seguían sentados, con las manos entrelazadas, como si temieran que soltarse rompiera el frágil equilibrio que habían encontrado. Pero ahora, con la verdad sobre la prueba falsa de Iskra sobre la mesa, sentían una mezcla de alivio y urgencia.
—¿Crees que Goran encontrará algo? —preguntó Lisandro, rompiendo el silencio. Su voz era baja, cargada de preocupación.
—Es mi p