Los días transcurrieron como una centella. Valeska había pasado cada uno de esos días intentando evitar a Lisandro, a sus palabras, a toda costa. Ella sentía que entre más pasara con Lisandro, sus emociones se harían mucho más conflictivas.
Al otro lado de la cama, Lisandro la esperaba, con los ojos abiertos pero todavía buscando anclas en un mar de recuerdos borrados. Era extraño verlo así: un hombre que por momentos parecía un desconocido, pero cuyos ojos no podían ocultar esa mezcla de vulne