—No, Vale —empezó Oliver, su voz quebrándose como si cada palabra fuera un puñal que se clavaba profundo en su pecho, pero, aun así, se mantuvo firme, casi desafiante—. No puedes culparte de esto. En serio, no tienes nada que ver. Esto… esto lo empecé yo. Yo fui el que empujó todo al abismo. Si alguien tiene que cargar con esta culpa, ese soy yo. Yo tomé la decisión equivocada. Yo lo hice todo mal desde el principio. No tú. No, no puedes cargar con este peso.
Su mirada, llena de tormento y deses