Valeska llegó a casa con la mirada perdida y los pasos apurados. Empujaba el cochecito de Adrián con una mano temblorosa, tratando de mantener la compostura mientras buscaba las llaves en su bolso.
Abrió la puerta con dificultad, como si incluso eso le costara más de lo normal.
Respiró hondo antes de entrar, intentando ocultar la frustración que le latía en la cara, pero lo cierto es que la tensión la seguía envolviendo como una segunda piel. Una vez adentro, dejó el bolso sobre la mesa de la e