El sonido de la puerta al cerrarse tras ella se sintió como un eco en su pecho. Valeska apoyó la espalda contra la madera, cerró los ojos por un momento y exhaló largamente. La conversación con Theo la había dejado agotada, no tanto por lo que él dijo, sino por la imagen que había proyectado.
Nunca imaginó verlo así, nunca pensó que aquel hombre, que siempre se mostró tan altivo y orgulloso, llegaría al punto de arrodillarse ante ella, rogándole con la voz quebrada que le diera una oportunidad.