Enrique casi saltó para darle un bofetón: —¿Eres idiota? A esta hora los empleados ya terminaron su turno, ¡no vas a encontrar a nadie!
Gregorio se rascó la cabeza, dudó un momento, pero finalmente decidió: —No importa si los encuentro o no, al menos hay que intentarlo, ¡no podemos quedarnos sin hacer nada!
Dicho esto, sin preocuparse por la reacción de Enrique, dio media vuelta y salió corriendo.
Al ver que no conseguirían nada útil de Enrique, Carlos y Talia continuaron su camino. Pero por ext