A su lado estaba Enrique, sonriendo servilmente mientras sostenía una cantimplora, y detrás de él, Gregorio cargado con varios bultos de diferentes tamaños.
Lucía apartó la mirada.
Tampoco es que conociera mucho a Ariana.
—¡Lucía! —Talia vino corriendo desde lejos, saludándola con la mano.
Llevaba una gran mochila de viaje a la espalda, visiblemente llena y pesada.
Contenía protector solar, repelente de mosquitos, un sombrero, agua... y, por supuesto, los imprescindibles snacks.
—He traído mucha